
A parte de contestar con una pregunta y de cantarines, los gallegos, a partir de ahora, vamos a tener fama de diabólicos. ¡No me digáis que la foto no asusta!
¡Pobre muñequito emparedado! Lo miro e imagino su dulce vida anterior, cuando la reina de la casa lo ciudaba con primor y le cambiaba los pañales, imitando a su dulde mamá. Pero está claro que las prioridades en la vida cambian, y que un día, a falta de bloques o por dar el toque de distinción, bastante cluel por cierto, se le ocurrió castigar a la que un día fue su amiga a siglos de intemperie y emparedamiento.
Posdata: tenagan cuidado algunos, no vaya a ser que la cosa se ponga de moda y su enemigo tome ejemplo.